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¿Crees que es hora de que vayas cambiando tu ropa interior?

Bru Romero

¡Si amigo, lo que tú digas! Pero creemos que aunque tu ropa interior te haya salido muy buena y su calidez supere a los tejidos con que la NASA fabrica los uniformes de sus astronautas, deberías ir pensando en darle una vuelta a tu cajón de la ropa interior y empezar a tirar esos calzoncillos por los que tus mejores rollos/amigos/rollo-amigos te han ido dejando de hablar.

Seguramente pienses que estás en la onda de las nuevas tendencias y que tus calzoncillos de Bob Esponja/Superman/perritos calientes o baratunos de esa cadena de tiendas son lo más en diseño e innovación, pero nos gustaría que esos gustos que tienes no se vieran reflejados debajo de tus pantalones. Ahí, sí que la procesión parece ir por dentro… Y eso si no contamos con que del uso, tus slips, shorts o lo que lleves (y esperamos que lleves algo y no vayas en plan comando que ya no sirve ni para la guerra) no haya cogido holgura de manera que lo que parezca que llevas es un trozo de tela recubriendo unas joyas de la corona cuyo bamboleo es para que lo cataloguen como delito o crimen contra la humanidad.

Por tanto, ahora que llega septiembre y con ello la vuelta al uniforme de trabajo, ¿no sería una buena idea que te gastaras un poco de dinero en renovar tus prendas más íntimas? Según la estilista Jacqui Stafford, “la manera con la que cuidas tus posesiones, dice mucho del modo con el que salvaguardas el resto de cosas en tu vida”. Y si lo dice Jacqui, ante eso no podemos contestar nada. Solo asentir y dejarnos de ofertas para comprar una serie de calzoncillos como manda el buen gusto y por los que tu madre se sentiría orgullosa.

¿Los más recomendados? Los bóxer tipo brief y los modelo short. Los slips solo deberían estar recomendados para aquellos que realmente tengan algo que enseñar, dado que su cuerpo es tan apolíneo que incluso el David de Miguel Ángel llora de vergüenza a su lado. Intentemos no caer en su uso y dejemos algo para la imaginación. ¿Colores? Grises, blancos, negros y vuelta a empezar. Nada de estampados, bordados o tiras cómicas que son tan graciosas que solo te ríes tú y la cajera que te los ha vendido por pringao. Sobriedad, elegancia y una talla (y modelo) bien elegido es lo que más pone. ¡Gracias!

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