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Cuanto más inteligente eres, ¿tienes menos amigos?

Bru Romero

El mundo va rápido. El mundo quiere que vayamos rápido. El mundo quiere que seamos todos iguales. El mundo no se da cuenta que cuando queramos nos bajamos de él, como haría Mafalda, porque lo nuestro es ir contracorriente. El individuo está llamado a vivir en sociedad pero eso no quiere decir que siempre necesitemos de ella. Desde que nacemos estamos rodeados. Primero la familia, luego los amigos. La familia nos da la vida, nos pone de los nervios y también nos ofrece las mayores satisfacciones. La llevamos en la sangre y de ella, aunque no lo creamos, depende que nos realicemos como personas. Los amigos también pero no siempre necesitamos de ellos para ser felices. ¿Quién nos has vendido esa moto?

Nos han querido grabar a fuego que sin los amigos no somos nadie, que sin ese contacto afectuoso con personas que no son de nuestra familia pero sí de nuestro círculo, no podemos ir ni a la vuelta de la esquina, creando un pequeño poso de dependencia en nuestra personalidad que nos asusta cuando lo que realmente queremos es ir por nuestra cuenta y no tener la obligatoria necesidad de estar quedando periódicamente con los colegas para tener que ponernos al día.

Según un reciente estudio de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, en colaboración con la Universidad de Negocios de Singapur, las personas con un nivel de inteligencia mayor no necesitan tantos amigos. Como vivimos en grandes ciudades somos infelices, necesitamos quedar con los amigos para recobrar esa felicidad mientras que los más inteligentes son la excepción que confirma la regla. Y es que ellos son distintos. Pero ¿por qué?

Las personas con niveles intelectuales superiores no necesitan de tanta sociabilidad porque ellos se han fabricado su propio mundo. Piensa que la mayor parte de los genios son personas que viven la vida al margen del resto, sin grandes fiestas en azoteas, sin pisar un after o la necesidad de estar colgados a las redes sociales por puro disfrute cotilla. El equilibrio de estas personas no lo escriben o apuntalan sus amigos sino las metas que se crean y las horas que dedican a trabajar por y para ellas. No es que sean personas aburridas, solo prácticas. Quizá sean individuos poco entendidos por el común de los mortales pero para tu información, a ellos les importa muy poco lo que puedan pensar de ellos. No gastan energías en intentar cambiar.

Con esto no decimos que sean personas ariscas, antisociales o poco divertidas. De ninguna manera. Solo son personas que disfrutan, en muchas ocasiones, de la soledad que ellos mismos se buscan para poder dar rienda suelta a las múltiples actividades que pasan por su cabeza, que les hacen felices y que, en determinados momentos, se pueden completar con un baño de amiguismos, terraceo veraniego o paseo íntimo con aquellas personas que deberían entender el sentir diferente que no extraño.

Nos gusta demasiado catalogar, para quizá entender esta realidad de millones de personas cuya única red social es la que ellos mismos se montan, se marcan y se preocupan por sacar adelante. No hablamos de egoísmo sino de sujetos cuya felicidad no depende del otro como nos han tratado de vender. ¡Piénsalo! Quizá, seas uno de ellos y no te has dado cuenta.

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