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¿Te duchas con agua fría o con agua caliente?

Bru Romero

A simple vista parece una pregunta tan tonta que jamás te habrías parado a pensarlo. Una parte de nuestra rutina a la que no prestamos mucha atención al llevarla a cabo y que al igual de si duermes desnudo o con ropa interior, te gusta más la montaña o la playa o eres más de carne que de pescado, puede hacer variar la manera en que nuestro cuerpo o cabeza responda.

Una ducha diaria que dependiendo sea con agua fría o más templada, actúa de muy diferente manera relajando o estimulando dependiendo de la posición en que sitúes la llave de paso. Una interesante manera de descubrir qué necesidades tienes, de qué pie cojeas o de qué manera te enfrentas al nuevo día.

Los hay que, disfrutando de una ducha fría (haga invierno o haga calor y no solamente para poner bajo cero nuestra testosterona) prefieren sustituir el café de por la mañana con un chute natural que te despierte, despeje la mente y mejore la circulación sanguínea. Aquellos que después de su entreno diario quieran refrescarse bajo cero para estimular las hormonas, acelerar el metabolismo y quemar la grasa que le distancia de su sixpack, además de reafirmar la piel y evitar la caída del cabello, añadiendo un suave masaje capilar mientras que el agua hace su efecto.

Otros más frioleros, se encargarán de que el agua a recorrer su cuerpo cumpla las normas básicas de tolerancia humana, prefiriendo reducir así la ansiedad, removiendo cualquier toxina que pulule en nosotros, así como abrir los poros y dejar la piel limpia como salidos de un intensivo tratamiento de belleza. Una opción indicada para los que su ritmo de vida les lleva a estar estresados todo el día, manteniéndoles la tensión por las nubes o aquellos sufridores de migrañas que quieren acabar con ellas de una vez por todas. Individuos que después de machacarse en el gimnasio para mantenerse, temporada tras temporada, necesitan de agua caliente para disminuir la presión de las articulaciones y prepararse para un sueño reparador con el que olvidarse de cualquier tipo de cuestión como ésta, hasta la mañana siguiente.

¿Y tú de quién eres?

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