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¿Por qué tienes tanta hambre cuando vuelves de fiesta?

Bru Romero

Tanto si llevas una dieta como si lo tuyo es cuidarse porque sí, sabrás que el alcohol es claro enemigo de estas dos situaciones. Sabemos lo mucho que te cuesta apartarte de la nevera y más aún, cuando llegas de fiesta y en tu estómago parece haberse abierto un portal a una cuarta dimensión. Momento en el cual te saltas cualquier precepto, norma o regla establecida y te dejas llevar por la absoluta necedad del que no quiere entender cuando tiene los carrillos ocupados.

Pero, ¿te has preguntado por qué cuando volvemos de jarana, tenemos tantas ganas de asaltar esa barra de fuet, esos macarrones con tomate que sobraron de la comida o esa bollería industrial mensual que se compró hace unos días? Pues muy sencillo, el alcohol nos da alas durante su ingesta y una profunda hambruna al llegar a casa y todo gracias a un descontrol del almacenaje en cuerpo de los glicocenos, carbohidratos. De ahí que la pasta y las palmeras de chocolate o trenzas de hojaldre sean tus mejores aliadas.

Además, y debido a la deshidratación que esas copas de ginebra han causado en tu organismo, también tirarás de productos  como los embutidos, encurtidos y demás productos en salazón. Real como aquel plato de bacon que te preparaste según bajaste del bus de vuelta y que te dio los mejores y más felices sueños, ancla en cama mediante.

Y no es necesario beber mucho para volver a casa como el perro de un ciego. Según estudios, solo son necesarias 3 simples copas para que disminuyen los niveles de leptina, hormona que mucho tiene que tener con la sensación de saciedad de nuestro cuerpo.

¿Qué hacer, por tanto, para evitar este asalto pacífico pero no violento a nuestro refrigerador más cercano? Intentar beber menos (no es necesario acabar con el agua de los floreros), tomar previamente una suficiente cantidad de proteínas e hidratos para que se pueda metabolizar con soltura el alcohol y no acabar como Las Grecas e intentar beber la misma cantidad de agua que de alcohol ingerido durante la noche para no caer en el oscuro encanto de comidas que no nos vienen nada bien y que al día siguiente nos arrepentiremos de haber zampado. Nada sencillo.

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