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Hugo Boss saca brillo al legado Bauhaus

Bru Romero

Cuando en 1919, el arquitecto y urbanista Walter Gropius inauguró en Weimar (Alemania) la escuela de artesanía, diseño, arte y arquitectura Bauhaus, no se imaginaba que casi un siglo después seguiríamos hablando de ella como referente social, más aún cuando las autoridades prusianas, por orden del Partido Nazi, se encargaron de cerrarla en 1933.

La idea de una necesaria reforma de las enseñanzas artísticas, con el fin de transformar la sociedad burguesa de la época, promovió que se convirtiera en laboratorio vivo donde la tradición, la vanguardia, la cultura y la política abanderaban la mezcla de artesanía, arte, industria y artes aplicadas.

Una escuela de la que salieron algunos de los nombres más importantes de la cultura del siglo XX y que en Wassily Kandinsky, Paul Klee, Hannes Meyer o Ludwig Mies Van der Rohe tuvo sus más importantes embajadores.

Un legado que en 2015 se ha mantenido como modelo referente de impoluta sobriedad en cualquier disciplina y que en el caso de la moda ha captado la atención de diseñadores que como en el caso de Jason Wu, director creativo de Hugo Boss, ha formado parte inspiradora de sus últimas colecciones. Un interés que ha llevado a la firma alemana a copatrocinar junto al Vitra Design Museum de Weil am Rhein y el Bundeskunsthalle de Bonn la exposición The Bauhaus #itsalldesign, en la que son los nuevos talentos de nuestros días son quienes juzgan la labor de la escuela de Gropius.

Una fuente de modernidad que en su día, como muchas otras cosas, no fue entendida y que denostada por fría y poco sofisticada es quizá uno de las actitudes más imitadas de las últimas décadas. Tiempo en el cual nos hemos dado cuenta de que la Bauhaus es y seguirá siendo atemporal. Un riesgo que se corre al experimentar sin saber la meta y que Hugo Boss junto a figuras como Norman Foster o Karim Rashid sostiene como excusa para salir del estancamiento en que nos encontramos. Hasta el 28 de febrero de 2016.

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