manuel_alejandro

Manuel Alejandro: “España está llena de detractores, pero con Raphael no ha podido nadie”

DANIEL MESA / Fotos: Getty Images, Gtres, EFE

“Soy un total enemigo de las entrevistas”, advierte en el estudio de su casa de La Moraleja. El señor de más de metro ochenta y pelo canoso ha firmado muchas de esas canciones que todavía hoy suenan irremediablemente en todo sarao y que siguen versionando gente como Alaska, Julio de la Rosa o Bunbury. Sin embargo, Manuel Álvarez-Beigbeder –nombre con el que firma las facturas– tuvo claro desde siempre que su sitio estaba entre partituras y no delante de los focos –“las grandes estrellas tienen que saber despedirse las primeras y yo siempre soy el último en irme”–. Para eso ya estaban otros. Los mismos que pusieron voz a sus letras y que interpretaron con la agonía y el descaro que solo un Raphael o ‘La más grande’ son capaces de llevar a un escenario.

Manuel Alejandro representa hoy una España de la que apenas quedan trazas. Esa de los café pianos y la tele en blanco y negro. De las batas de cola y el festival de Benidorm. Pero también de la dictadura y el exilio político. “Yo llegué a Madrid entre los años 40 y 50. Mi padre [el compositor Germán Álvarez Beigbeder] sabía que yo era un malísimo estudiante y que lo único que me tiraba era el piano. Así que me mandó a estudiar música”, cuenta Manuel mientras saborea un rooibos con hielo servido en copa de cóctel. “Por entonces había políticos de mucha talla, pero lamentablemente todos fuera de España. Nunca he tenido unos deseos grandes de reivindicación. Mi vida ha consistido en escribir canciones y ayudar a quien pueda”.

manuel y ramon acusa

Pronto, su llegada a la capital se tornaría en toda una revelación. “Me había pasado la vida estudiando sinfonía, contrapunto, fuga y la madre que lo parió. Y, sin embargo, lo que más me gustaba era ponerle letra a una música. Era un verdadero admirador de la canción francesa e italiana de la época”, recuerda incapaz de retener una sola fecha como quien hila su vida en capítulos. “Solía tocar por las noches en la sala Picnic, el centro social nocturno de moda al que siempre acudía gente estupenda, y poco después empecé a trabajar adaptando canciones al castellano de artistas como a George Brassens, Charles Aznavour, Georges Moustaki…”.

El principio del éxito

Pero no fue hasta que se alzó con el cuarto premio en el Festival de Benidorm que su vida dio el giro definitivo. “Recuerdo que gané 20.000 pesetas, ¡imagínate qué fortuna!” Las discográficas no tardaron en llamar a su puerta, “pero nada llegó a cuajar del todo hasta que pasó por mi puerta Raphael”. Seis discos compuestos y producidos en su totalidad y más de cien canciones. Casi nada. Yo soy aquel, Qué sabe nadie o En carne viva son sólo tres títulos cogidos al azar de una dilatada lista de hits que el compositor puso en boca del jienense. “España está llena de detractores, pero con Raphael no ha podido nadie. Él y yo seguimos teniendo muchísima relación –¡son 100 canciones!–. ¿Te imaginas un matrimonio con 100 hijos en común?”, exclama entre risas.

¿Quién no se ha preguntado alguna vez a qué se refiere Raphael cuando retorciéndose sobre las tablas canta aquello de “Qué sabe nadie de mis placeres y mis íntimos deseos”? “Toda mi vida he compuesto pensando en el cantante”, aunque como bien dice a veces sea inevitable que se cuele parte del arsenal que el poeta lleva dentro.

manuel_rocío

“Tengo en cuenta las palabras que ellos querrían decir y aquellas con las que no se sentirían cómodos en un escenario. Sin embargo, hay canciones que han tenido muchísimo éxito después de haber sido repescadas por otros, como ocurrió con Como yo te amo, que la escribí para Rocío Jurado pero fue llevada a lo más alto por Raphael. O Soy rebelde, escrita originariamente a una mexicana de nombre Sola a la que no dieron mucha bola (se ríe), y de la que Jeanette hizo un éxito absoluto”. A la hispanobritánica le compuso otras como Frente a frente o Corazón de poeta, esta última inspirada en “un muchacho monísimo, muy fino y estiloso que al final resultó ser una chica”. A pesar de haber pasado media vida escribiendo para tantos y tan variopintos artistas, alguno hay que se le resiste: “El estilo de cantantes fenomenales pero sin nervio a lo Nino Bravo no es lo mío. Aunque le compuse varios temas, siempre acababa recomendándolo a otros compositores más cuadriculados y clásicos que yo. Yo soy un revolucionario. Me gusta el sentimiento sin limar”.

julio_manuel_placido

Era cuestión de tiempo que la chipionera entrara a formar parte de La Factory del folclore que, sin percatarse, acababa de fundar Manuel Alejandro, por la que pasarían personajes como Marisol, Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Emmanuel, Falete o los mexicanos José José y Luis Miguel. “Rocío y yo nos conocimos en un piso en la calle Núñez de Balboa, en Madrid. Ella estaba enferma y fui a enseñarle cuatro canciones que le había compuesto para su película La querida. Aquel cuadro no se me olvidará nunca: ella metida en la cama llorando de la emoción mientras yo a su lado le cantaba con mi teclado”. De esta guisa y digna de una secuencia landista se escribieron las primeras líneas de una relación artística que duraría años. “Rocío me ha provocado muchos sentimientos. Recuerdo que a los meses de escribirle Se nos rompió el amor se separó. Como si aquel final ya estuviera rondando en el ambiente”.

A sus 82 años, el hombre que puso voz y música a la canción española sigue con la cabeza llena de proyectos. “No temo al paso del tiempo, aunque sí tengo un miedo terrible a la muerte. Si no lo tuviera sería como no darme cuenta de que estoy vivo. Por eso, sigo tocando cada día y tengo pensado publicar muy pronto [toca la mesa de madera] un disco con mis 40 mayores éxitos. Todos cantados por mí y adaptados al piano”. Esta vez no habrá orquesta. Ni grandes planos generales. Ni juego de luces. “Me gusta imaginarme a mí mismo tocando esas canciones en un escenario pequeño rodeado de amigos”. Y, probablemente, ese día, después de regalar el último bis, también sea el último en despedirse .

PUBLICIDAD



PUBLICIDAD