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Melvil Poupaud: “La gente piensa que he tomado buenas decisiones. Lo que busco es el respeto”

Jean-Pascal Grosso / Fotógrafo: Raf Stahelin / Estilista: Mauro Biasiotto

Este portento del cine se rinde ante talentos como él –véase Ozon, Dolan o Desplechin-. Actor con una larga carrera, posa y habla de una vida dedicada al séptimo arte, aunque también a la música y a la escritura.

“Esto no es un camino que he elegido. Me llevó a aceptar lo que estaba ocurriendo. Hago de mi carrera una vocación. Me adapté a lo que se pedía de mí sin conocer realmente los desafíos de mi actuación. Yo era muy joven entonces”. Melvil Poupaud tenía 10 años cuando por primera vez se puso ante una cámara. Su madre tenía contactos en la prensa como Raúl Ruiz, cineasta chileno en el exilio de la filmografía aclamado en ambos continentes. Ruiz ofrece su primer papel a Melvil en Ciudad de piratas, una historia oscura inspirada en los sueños de su propio autor, donde los jóvenes juegan a ser niños-corsario que pretenden ser asesinos.

Después de cincuenta largometrajes, él todavía está allí. No es infalible: con una carrera llena de éxitos y algunos fracasos, a los 44 años es todo un veterano. Y una referencia para una nueva generación de autores. “Confieso que me protegí a mí mismo pensando en que quizás no duraría en la profesión, así que tomé ventaja de la experiencia fabulosa que se me presentó. Luego, poco a poco, el cine se convirtió en el centro de mi vida”.

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Una gracia traviesa

“Todos, como actores, tenemos papeles bisagra. Cada década he hecho películas que marcaron mi transición física. A los 10 años con Raúl Ruiz, a los 20 con Éric Rohmer, a los 30 con François Ozon y a los 40 con Xavier Dolan…”. Hoy en día, Melvil Poupaud mantiene esta gracia traviesa que hizo que los espectadores se desmayaran en 1996 en Cuentos de verano, donde jugó a los problemas del corazón bajo el sol de Bretaña.

El cabello es un poco escaso, nada alarmante. Su madurez sí: “Nunca me sentí como para llegar a algo y luego estancarme. Sigo avanzando a mi propio ritmo y sin gran asentamiento o explosión de los medios”. La niña de 15 años de Jacques Doillon, Cuentos de verano de Éric Rohmer, Victoria de Justine Triet, Los sentimientos de Noémie Lvovsky, Tres vidas y una sola muerte de Raúl Ruiz… son algunas de las producciones en las que el actor ha participado. Con los años, se ha esforzado para seducir a la intriga incluso en una sala de cine independiente que siempre le supo devolver el favor.

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“Tengo desde siempre una simpatía especial hacia las personas que aman el cine. La gente piensa que he tomado buenas decisiones, que he hecho elecciones coherentes a lo largo de mi trayectoria. La finalidad que busco es el respeto más que la notoriedad”. Pero llegó un blockbuster como Lucky Luke de James Huth en 2009: “Yo quería sobre todo que mi hija, que empezaba a tener la edad de ir al cine, pudiera ver películas, pero no le impresionó, ni le entró curiosidad para saber más sobre mis trabajos”.

Después llegó el encuentro con una nueva generación de directores, llevar a cabo nuevas aventuras, siempre con estilo y la curiosidad constante de renovación. “En los ojos de esta generación que más o menos tienen mi edad eran Justine Triet, Nicolas Pariser, Lucie Borleteau… los actores que marcaron mi carrera en una época dada –explica Melvil–. Son personas que no dudan en sumergirse en el género, hacer películas menos naturalistas… Me reconozco en ellos”.

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Nueva expresión

“Sigue siendo una profesión muy arrítmica. Puedes estar seis meses sin hacer nada y estar deprimido y luego encontrarte con un rodaje de dos meses, muy intenso, que juega con tus emociones, con el sistema nervioso. Manejar este caos en tu vida como en el set se puede aprender”. Desde que era joven, para liberarse de la angustia de una profesión que se come a los niños con más apetito que un ejército de Saturno, Melvil es un artista que toca un poco de todo. Realizó cerca de ocho cortometrajes y fue nominado a la Cámara de Oro en Cannes en 2006. “Estos ejercicios de autoficción –como dice él– morirán con los selfies y la proliferación de YouTube”.

Las películas deben buscar nuevas formas de expresión, al igual que la música. Le gusta experimentar otras formas de arte. Una de sus aventuras empezó con un tándem con su hermano Yarol a mediados de la década de 1990, y desde entonces se ha transformado en diversas formas: su grupo Mud lanzó un álbum en solitario en 2002. “Acabamos de terminar un álbum que saldrá en otoño. La música es una manera de reencontrarme con mi hermano, mis amigos y conocer un placer diferente al que me proporciona el cine. Me gusta esta apertura a otras formas de arte, sobre otros medios…”.

En 2011, coge la pluma y empieza con un trabajo más de escritura, en el cual habla de sus memorias, obsesiones del pasado. También habla de Serge Daney. Este año acaba de publicar Voyage à Film City, sobre un rodaje rocambolesco en China bajo la dirección de Charles de Meaux, un cineasta incansable.

Melvil Poupad lleva looks de la colección otoño-invierno 2017-2018 de Boss

Grooming: Céline Chevard

Ayudante de fotografía: Maxime La y Thomas Vicent

Retoque digital: Oliver Looren

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