HOLLYWOOD, CA - FEBRUARY 28:  Actor Leonardo DiCaprio, Producer Arnon Milchan and Director Steven Spielberg attend the 88th Annual Academy Awards Governors Ball at Hollywood & Highland Center on February 28, 2016 in Hollywood, California.  (Photo by Kevork Djansezian/Getty Images)

Y ‘renacido’ DiCaprio se llevó a casa el Oscar sin pestañear

Bru Romero

Era su noche y ya cuando se enfundó ese impecable Armani lo tenía muy claro. Leonardo DiCaprio era el claro favorito a subir al escenario del Dolby Theatre y marcarse un speech de esos que deben sentar cátedra (y hacer historia) y así fue. Pese a que algunos querían retrasar este momento (tampoco pasaba nada por hacerlo puesto que Paul Newman recogió su Oscar más de 30 años después de su primera película y mira que nos dejó buenos trabajos) su interpretación de Hugh Glass en The Revenant, no tenía rival.

Un renacido (que no revenido) aplaudido por una industria que por fin decidió que era buen momento para premiarlo, después de cuatro nominaciones y sin tener el cariño de un público que le considera bueno como actor pero ni de lejos como colega para irse de farra. Llegó con Kate Winslet y rápidamente retrocedimos a 1997 cuando ni siquiera fue nominado por la cinta que hizo de él quien es hoy, Titanic.

Recuerdos que ya quedan en la profundidad de un océano y se convierte en aire fresco para un Leo que ya no siente que un tuerto le ha mirado, levantándose su maldición. Una condenación que no roza ni de lejos al director mexicano Alejandro González Iñárritu, su director, que desde hoy ya se encuentra situado en el Olimpo de los Dioses junto John Ford y Joseph L. Mankiewicz, cineastas que como él se hicieron con el premio a mejor director dos veces seguidas (Las uvas de la ira y ¡Qué verde era mi valle!, el primero, y Carta a tres esposas y Eva al desnudo, el segundo) y es que no olvidemos que el año pasado fue el año de Birdman.

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Más allá de anécdotas (pocas) y las constantes referencias del humorista y presentador de la gala, Chris Rock, a las oportunidades que se les podían dar a los negros (ya el tema aburría), la gala discurrió aséptica y sin esos momentos que tanto gustan a los cinéfilos como números musicales, parejas de viejas glorias que se reencuentran, presentadores de premios no anunciados o unos premios honoríficos que quedan deslucidos al haber quedado relegados a una simple mención y enfoque de cámara de no más de 2 segundos (pobre Gena Rowlands).

De los instantes que si brillaron nos quedamos con la aparición sobre el escenario de dos de los tipos más guaperas de la gala, Ryan Gosling (con un Gucci que le quedaba mejor que un guante) y Russell Crowe que presentaban el premio a mejor guión adaptado que se llevaba La gran apuesta; los divertidos C3PO, R2D2 y BB8 sobre el escenario que nos teletransportaban a aquella gala de 1978 en la que los dos primeros hacían imposible que Mark Hamill presentara el premio a Frank E. Warner por los efectos sonoros de Encuentros en la tercera fase; el tierno instante en el que los más peques de la ceremonia, Jacob Tremblay (La Habitación) y Abraham Attah (Beasts of No Nation) salían al escenario y arrancaban el aplauso de sus mayores; el premio que se llevó el “abiertamente orgulloso gay” Sam Smith a la mejor canción por Spectre; la exultante pareja formada por Jared Leto (de aplaudido Gucci) y Margot Robbie, que marcaron la diferencia sobre los demás presentadores; el merecido galardón a Ennio Morricone que gana su primer Oscar (después de 5 nominaciones) a sus bien llevados 87 años; los aplausos a Brie Larson (La habitación) y Mark Rylance (El puente de los espías) que ganaban los premios a mejor actriz y actor secundario y la actuación de Lady Gaga que defendiendo su tema (también nominado) Til it happens to you, hacía enmudecer a un público tocado por la fibra de los jóvenes supervivientes de abusos sexuales.

Una gala, por tanto, que no se hizo largo, que no brilló por sus celebrities ni por sus momentos hilarantes y que quizá estuvo teñida (de más) por la carga negra de ser unos Oscar too white pero que consiguió mantenernos despiertos hasta el último minuto, en el que el director Tom McCarthy subía con el equipo de Spotlight a recoger el ovacionado galardón a mejor película. Unos Oscar menos políticos pero que no dejan de mojarse.

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