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¿Sufres el ‘abrazo de la muerte’?

Bru Romero

Aunque no se exponga como tema de sobremesa o no lo usemos como argumento recurrente en nuestras conversaciones familiares, el tema de la masturbación es quizá uno de los más interesantes y complejos de todos los que podamos a llegar a plantear. El tabú hace que no nos prodiguemos mucho en los comentarios, pero no por ello resta interés entre aquellos a los que le gustaría la veda se levantara.

Indagando en el onanismo como actividad unidireccional e íntimo hobbie de cualquiera en sus momentos de tensión o ley seca, en cuanto a materia sexual se refiere, nos topamos con un término que asusta a grandes y pequeñas: el abrazo de la muerte. Un síndrome que desde el punto de vista científico no existe, pero que asusta e incomoda a nivel de usuario al imposibilitar el disfrute sexual en su máximo fulgor.

Una abrazo que provoca la pérdida de sensibilidad del miembro masculino, como resultado de una masturbación excesiva y ruda, imposibilitando una buena relación sexual en terreno normal y no en la soledad de un cuarto con catre y luces de neón.

Un problema inducido por el ímpetu con el que usamos nuestros cinco dedos  (o 10, que haberlos los habrá) y que conllevan posteriores encuentros sexuales insatisfechos por la rotura de terminaciones nerviosas del pene, por la fricción, o por estar acostumbrados a un tipo de manualidades mucho más intensas. Un abrazo de la muerte ‘autoprovocado’ y que deberíamos evitar si queremos rendir en otras plazas, en otros terrenos de juego con más de un jugador.