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Y David Bowie marchó a Marte…

Bru Romero

Suyas son las imágenes más psicodélicas de los 70, más trasgresoras de los 80 y más sofisticadas de los 90. Décadas que supusieron un antes y un después para el resto de mortales y que en el caso de David Bowie respondían a la transformación de la estrella del rock con mayúsculas que acababa de cumplir 69 años.

Le creíamos eterno, invencible a cualquier tipo de impedimento, superviviente a todas las epidemias posibles pero al final el cáncer se ha llevado a uno de los iconos más increíbles que la música contemporánea ha podido dar. Un artista que quería ser pintor pero que tuvo que aceptar el destino de pintar con música, para suerte de todos nosotros.

El pasado viernes y coincidiendo con su cumpleaños, lanzaba su vigésimo quinto trabajo. Un álbum que al nombre de Blackstar suponía la vuelta al estudio de grabación desde 2013 y cuya estrella negra en descomposición de la portada diseñada por Jonathan Barnbrook, parece hoy presagiar lo que ha acontecido.

Una muerte que nos deja huérfanos de inspiración, huérfanos de magia, huérfanos de una música y un estilo que seguramente nadie pueda remplazar y que hace de este lunes, un lunes más oscuro y triste si cabe. La pena de saber que ya no habita entre nosotros, un artista de esos que cuando nacen parecen romper el molde. Un ser en vibrante metamorfosis, iluminación de muchos y referente musical y estético, generación tras generación.

Nos quedan ya los recuerdos, una discografía sin mácula, una filmografía con títulos que siguen seduciendo a más de uno, una ambigüedad canalla difícilmente practicable, una estética exhibida ya en museos y el aplauso de admiradores y detractores entregados a toda una vida de letras electrizantes.

Hoy, despedimos a David Bowie, padre de todo aquel que se tiene por diferente, del glam rock y de aquel ritmo ecléctico y excéntrico del que tanto se sigue bebiendo. Le despedimos a él y a Ziggy, al Thin White Duke, a The Halloween Jack y a Aladdin Sane, seres que conformaron una misma personalidad y cuya pérdida nos deja desorientados como el Lázaro de su último videoclip. Un último trabajo que por dos días no se ha convertido en póstumo y que deja la estela de un hombre que, sin duda y comprobado, era de otro planeta. Ahora, ya puedes marchar tranquilo a Marte, David.