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Théo y Hugo, amor en el lugar más insospechado

Bru Romero

Nos encanta hablar de amor pese a que pocos lo hayamos conocido con la profundidad que semejante sentimiento trae consigo. Nos enamoramos con la misma rapidez que los viernes se convierten en lunes y las birras van cayendo una tarde de verano y, aún, nos sigue extrañando que igual que viene se va porque creíamos que una vez encontrado, duraría cualquier asalto.

Pero, ¿dónde lo encontramos para que dure? Algunos creen que mientras montan en bici por el parque, otros que en la cola del supermercado o en esa red social que tienen on fire, hay incluso lo que creen que un viernes noche sobre la tarima de aquel garito de moda y otros que creen que el amor llamará a su puerta sin que tengan que mover un dedo, pero y ¿qué piensas si el amor se encontrara en un cuarto oscuro? Algo loco, ¿verdad?

De este modo arranca la séptima cinta de Olivier Ducastel y Jacques Martineau. El dúo de directores franceses pretendían no hablar de amor como en anteriores películas sino del amor cuando da sus primeros pasos. Un sentimiento que en esta ocasión surge del deseo desenfrenado de dos cuerpos que se lo montan en un cuarto oscuro (¡qué lugar, en apariencia, tan idílico!) y prosigue en las horas siguientes hasta 05,59, hora en la que termina la película y nosotros nos tenemos que recomponer de este drama romántico parisino que toca muy hondo.

Un recorrido por un París poco transitado, que sueña aún en Nouvelle Vague y que no tiene miedo a desnudarse emocionalmente e incluso físicamente. Una película en la que Geoffrey Couët y François Nambot, la pareja protagonista, deambulan entre el llanto y la desesperación, la pasión y el cariño, gracias a unos directores que no escatiman en presentar la situación tal y como es, añadiendo un punto pedagógico a la escena.

Una película que desmonta cualquier idea de cita perfecta que pudiera pasarnos por la cabeza y que nos empuja a entender que cuando el amor quiere hacer acto de presencia, no hay ambiente en el que no sea bien recibido. ¡Vayan a verla sin tabúes que valgan!