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¿Por qué Pitu Blázquez nos emociona tanto?

Bru Romero

Hay personas que pasan por esta vida sin más, personas que ni aportan ni molestan, simplemente caminan sin ninguna meta y cuando tienen que abandonarnos lo hacen sin que nos demos cuenta. Hay otras personas que, por el contrario, dejan un poso tan grande en la sociedad que nos alegramos de haberlas conocido y haber visto cómo se puede cambiar el ritmo y camino de las cosas con tan solo poner un poco de su parte, un poco de su talento al servicio de aquellos que más lo necesitan.

Sin ser muy conocido en nuestro país, el atleta Pitu Blázquez es una estrella en Argentina. Comenzó con el rugby, siguió con el baloncesto, se dedicó al mundo de la natación y finalmente abrazó el mundo de las acrobacias aéreas como perfecta manera de aunar sus dos pasiones: la actividad física y el arte. Un talento que llamó la atención de todo el que observaba sus piruetas, convirtiéndose en toda una gloria nacional. Pero necesitaba más.

No contento con recibir halagos, ánimos y aplausos allí por donde iba, pensó de qué manera compartir esas capacidades con la sociedad. No hubo mejor manera de hacerlo que ofreciendo su experiencia al servicio de personas discapacitadas. Clases gratuitas a hombres, mujeres y niños que era impensable pudieran llegar a realizar ejercicios de gran complicación y con las que Pitu demostró que querer es poder.

“Son personas que no pueden caminar, personas que no pueden ver pero que pueden hacer un montón de cosas”, explica Blázquez sabiéndose todo un hombre afortunado por poder compartir su pasión con aquellos que muchos pretenden dejar al margen de la sociedad pero que en esta ocasión, como en muchas otras, nos vuelven a dar toda una lección. ¿Se necesita algo más?

¡Gracias, Pitu!