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Alejandro Gómez Palomo: “Sé que soy un personaje muy curioso, me visto y comporto como me da la gana”

CARMEN MELGAR / Foto: Lourdes Cabrera

La nueva sensación de la moda española no es una ilusión efímera. Desde Córdoba llega el aire fresco que promete cambiar roles de género y hacer de las tendencias algo excitante.

Aprendió técnicas de costura como los grandes, desmontando piezas clásicas – auténticos tesoros de Saint Laurent, Chanel o Poiret– en el despartamento Designer Vintage de Liberty mientras estudiaba en el London College of Fashion. Ahora, con su tercera colección como fi nalista del premio LVMH, no poco queda de aquel chaval que dibujaba fi gurines en el Ayuntamiento de Posadas mientras su madre daba mítines.

¿Quién es Palomo?

Un chico de 24 años con muchas ganas de hacer algo relevante con su vida y algo que pueda hacerme adulto y envejecer sintiendo que he dejado algún tipo de huella en la vida de la gente, en una generación. Soy un chico de un pueblo de Córdoba, muy sencillo, muy tranquilo, con mi familia y mis amigos de toda la vida, feliz después de haber estado en Londres. Un chico con mucha pasión por su trabajo.

Parece ser que Palomo ya es una revolución, un punto de inflexión en la moda española. ¿Cuándo notó que su propuesta diferente podía despuntar?

Cuando estaba terminando de estudiar en Londres ya me daba cuenta de que mi trabajo podía ser algo especial. Al volver a España, mi colección pequeñísima de fi n de carrera de seis looks ya despertaba un cierto interés, curiosidad en la gente.

¿Cómo surge su pasión por la moda?

Desde pequeño, ha sido muy vocacional. Cosía disfraces con mi vecina, siempre estaba dibujando, siempre rodeado de libretas. Desde los cuatro años creaba looks con el zapato, el bolso, el pendiente. Le cosía vestidos a las Barbies, copiando modelos de Galliano, con mi abuela abriendo bolsas de telas…

¿Le viene de familia?

No, no hay tradición. Mi abuela cosía cortinas, bajos de pantalones. Siempre han tenido un interés, pero nada en serio, nada de lo que yo luego desarrollé. Pero siempre me han apoyado, y me han impulsado. Veían que desde pequeño tenía un talento natural para ello.

¿Qué cosas le emocionan?

La belleza. El amor. Un buen teatro, una buena canción. Que la gente reconozca mi trabajo. Me hace sentir parte de algo que no sabía que podía existir.

¿Como es ver sus prendas en anónimos?

Es muy guay ver cómo la gente lo lleva a su terreno. Ver en Nueva York a un chico que se está comiendo una hamburguesa con una sudadera tuya… Eso es muy divertido e inspirador, ver cómo la gente traduce tu fantasía a su día a día y a la calle.

¿Cómo fue su primera colección?

Presenté Orlando en 2016, el 19 de febrero. Un año después presenté en Madrid la tercera colección. También es el día del cumpleaños de mi chico, que le he conocido en este año tan frenético en todos los sentidos. Esa colección fue el comienzo. Ahí empecé a sentirme cómodo, a trabajar con mi costurera, María Luisa, ella es mis manos. En esa época me di cuenta de que podía dejar empezar a volar mi imaginación porque había una persona con técnica impresionante que podía producirlo. A pesar de la diferencia de edad tremenda, nos llevamos cuarenta años, nos entendemos muy bien. Me puedo recrear todo lo que quiera, que ella lo va a hacer posible.

¿Y cómo ha sido el salto de presentar Orlando en un palacete de Alonso Martínez, luego en el Museo Lázaro Galdiano y después Nueva York…?

Esto ha sido desbordarse. Después de presentar la segunda colección en septiembre, fuimos a París, y entre unas cosas y otras, me planté a mes y medio de tener que hacer la mejor colección de mi vida. Era torear en una plaza muy grande. Una prueba de fuego para comprobar si estaba realmente preparado para el mundo de la moda. El resultado fue un desfi le que no ha podido salir mejor, pero semanas antes de ir pensaba por qué me había metido yo en semejante lío. Con lo feliz que sería presentando en Madrid con mis amigos y familia.

¿Tiene infraestructura para responder a pedidos masivos?

Estamos trabajando en ello, intentando encajarlo. Nosotros hacemos todo con técnicas muy cercanas a la costura. Todo tiene un acabado a mano. Todo se hilvana. Es un proceso lento.

El see now, buy now no va con usted, ¿no?

No, no, no… Hasta que me compre LVMH y tenga un equipo detrás… [ríe] Pero la idea ahora es podernos centrar en proceso creativo y que la parte de producción la lleven fuera. Nosotros llevar encargos y poco más.

¿Se siente en una nube?

No me quiero sentir así. El único miedo que tengo es a ser mediático. Porque lo único que quiero es trabajar. Pero sé que soy un personaje muy curioso, me visto y comporto como me da la gana. No quiero que a la gente le dé por quererme a mí. Yo quiero ser respetado por mi trabajo, pero no entrar en juegos mediáticos. Aunque la suerte de mi vida es vivir en Córdoba.

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