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Fuerza (de) militar

Texto: Jessica Michault / Fotografía: Pablo Arroyo

¿Y si el hombre fuese el animal más obsesionado con la moda? Investigamos sobre ello para descubrir el origen inesperado de esta inclinación.

No nos engañemos: en materia de ropa, los hombres se obsesionan mucho más que las mujeres. Una obsesión que se manifiesta de muchas y variadas formas. Algunos, fieles a un estilo propio, quieren llevar de manera incansable el mismo vaquero y el mismo jersey cada día, como si fuesen su inseparable osito de peluche. Otros se ciñen a muchas menos reglas a la hora de vestirse y suelen comprar en serie para no tener que ir demasiadas veces de tiendas. Pero también hay hombres para los que el mundo de la moda tiene el mismo nivel de importancia que el de los coches o los relojes. Aprenden hasta el más mínimo detalle sobre la fabricación, la historia de un tejido y las particularidades de cada una de las piezas que guardan en su armario. Y esta manía no ha sido nunca tan exagerada como lo está siendo con las prendas militares.

Myar, anagrama de ‘army’

“Los militares gozan de una buena imagen. Siempre los hemos visto como esos aventureros que recorren el mundo. Los niños empiezan fijándose en los cowboys para luego pasar a los soldados”, explica Élie Zaffran, propietario de la tienda parisina de segunda mano The Duke, reputada dentro de su sector por el increíble stock de uniformes vintage. El estilo militar ha empezado a ser parte predominante en la moda masculina. Comercializadas por naturaleza, estas piezas –abrigos tipo trench, bómbers de cuero, uniformes de camuflaje y chaquetas acolchadas– son la confirmación misma del principio según el cual la forma ha de seguir a la funcionalidad. Concebidas para salvar vidas, estas prendas surgen con una misión clara, y esta característica es, precisamente, la que parece hacerlas atractivas para el genero masculino: en este caso, la confección sirve a una causa mucho más noble que la moda en sí. Andrea Rosso forma parte de un grupo cada vez más general que ha transformado su obsesión por las obligaciones de vestimenta de la Armada en un negocio en plena expansión. Hijo de Renzo Rosso y director artístico del grupo Diesel, esta figura forma parte de la nueva generación de ese imperio de la moda que está decidida a crear su propia marca. Además de su actividad en Diesel, acaba de lanzar Myar. Anagrama de army, Myar se separa en dos líneas de negocio. Primero, la línea que ha llamado Original y que da una segunda vida a piezas vintage, que son discretamente trabajadas para modernizar su tamaño y sus cortes. Y la otra, llamada Collezione, ha sido constituida como una gama de indispensables en todo armario masculino inspirada en el estilo utilitario de las piezas militares y todas sus particularidades. “Mis prendas preferidas han sido siempre las que tienen esencia militar”, reconoce Rosso. “Al principio, estaba sobre todo obsesionado por los estampados camu aje (adoro la fuerza visual de sus patrones), pero ahora sé mucho más sobre el impacto estilístico que toda la estética militar está teniendo”.

Rosso no es el único que ha sentido fascinación por los uniformes militares y el gusto por todo lo que lleve camuflaje. Esta temporada hemos visto a numerosas marcas introducir este inimitable estilo en sus desfiles. Lo que sí nos impresiona es la diversidad y las miles de declinaciones que los diseñadores han conseguido darle a este concepto básico. Desde la visión más clásica de Olivier Rousteing, que lo sofistica hasta el extremo, hasta los motivos tridimensionales en claroscuro de Christopher Reaburn o los motivos florales pintados a mano con los que Moschino a reversionado las prendas. Lo que sí podemos decir es que el modelo original se ha integrado, por fin, en las grandes colecciones masculinas.

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La obsesión japonesa

“Cuando llevamos uniformes militares vintage, me gusta remarcar que, en sus orígenes, la fabricación era completamente diferente”, explica Rosso, que ha sido una de las piezas clave en el renacimiento de la estética castrense. “Las prendas de los años 50 eran realizadas con telares que datan de los años 40 e incluso 30. Como consecuencia, la trama era mucho más estrecha y el tejido parecía más compacto; que es, en realidad, lo que le daba al uniforme toda su resistencia. La superficie de algodón era casi rugosa, no como el algodón de hoy en día, que es completamente liso. Y yo adoro esa irregularidad”. Si existe un país donde la pasión de los uniformes militares se ha extendido como la pólvora, ese es Japón. “Sin ninguna duda, ellos son los que están más a la caza de estas prendas”, afirma Zaffran. “Ellos fueron los primeros en interesarse por esta tendencia, los primeros en coleccionar y recorrer el mundo para hacerse con uno de estos uniformes y tienen, de lejos, las prendas más bellas”.

Rosso confirma que Japón representa uno de los mercados más grandes para Myar. “Los japoneses comprenden a la perfección la historia de cada pieza. Saben exactamente de dónde viene, en qué año ha sido creada y los procesos que ha tenido cada prenda”. Myar encuentra el lugar perfecto en este país para su desarrollo, porque los artículos vintage son, además, difíciles de encontrar. Es por eso que los diseñadores y sus equipos acuden a The Duke, para meterle mano a piezas auténticas que compran a precios muy altos pero que cumplen con esas ansias de conseguir interpretaciones modernas de los estilos militares más antiguos. “Es difícil encontrar piezas auténticas”, explica Zaffran. “Las nuevas generaciones lo que llevan son, sobre todo, reproducciones”.

Entonces, ¿qué parte del vestuario militar será la próxima fuente de inspiración para la moda masculina? Según Zaffran, actualmente, los japoneses están abandonando los conjuntos norteamericanos y desviándose hacia los uniformes de las armadas francesas y europeas en general. Ahora, por ejemplo, Rosso asegura sentir pasión por los uniformes de la OTAN: esta temporada, su pieza preferida es un uniforme con estampado camuflaje en tonos melocotón que se utilizaba en el desierto: “Consigue una estética muy particular, porque se lleva sobre una mochila. Una forma muy original de llevarlo”. Los uniformes vintage son cada vez más complicados de encontrar, pero su búsqueda es incansable y no muestra signos de acabarse. Al contrario, se intensifica y los hombres luchan por encontrar nuevas interpretaciones del diseño militar sobre las que poder lidiar la guerra que cada día mantienen con su armario.

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