Chicos

Los chicos de oro

Raquel Fernández

Desde hace algún tiempo la industria de la moda presta especial atención al tradicionalmente segundón mercado masculino. ¿Por qué ahora?

“¿Hombre? ¿Ahora?”, “¿Para qué se complicará así la existencia?, “¿Qué necesidad tiene?”. Es curioso cómo las reacciones de la prensa de una industria que trata de alterar nuestra manera de vestir cada trimestre suelen ser reticentes al cambio. Esas preguntas, que cuestionaban la iniciativa de Isabel Marant de irrumpir en el mercado de la moda masculina, nos acompañaron en el camino que llevaba a la salida del Palais Royal tras el des le de la firma el pasado 28 de septiembre.

La diseñadora francesa ha asegurado que su propósito no es otro que satisfacer los deseos de todos los hombres que le han pedido que pensara en ellos tras aquella primera aventura de 2013 en la que diseñó algunas prendas masculinas para que formasen parte de su colaboración con H&M. Probablemente, también quiera aportar aire fresco a su firma, que saborea las mieles del éxito en el mercado de la moda femenina desde hace más de dos décadas. Hasta ahí podrían ser explicaciones perfectamente razonables, pero el hecho de que Stella McCartney también se animase con los chicos la pasada primavera hace inevitable sospechar que está pasando algo más.

Los negocios son los negocios, y el de la moda masculina parece estar en auge. De acuerdo con un informe de euromonitor International, aportará 615 billones de dólares al mercado global de ropa y calzado en el año 2020, y crecerá a un ritmo del 2,3 % anual, comparado con el ritmo del 2,2% de la moda femenina. En menos de tres años, el mercado de ready-to-wear y accesorios masculinos alcanzará los 33 billones anuales, un 14 % más que en 2015. Las cifras son todavía más llamativas si tenemos en cuenta que, de acuerdo con la consultora Bain & Company, el mercado de artículos de lujo personales no crecerá más de un 2 o 3% por ciento en los próximos cuatro años.

Estos datos contrastan con la crisis de la prensa masculina, con el cierre de la americana Details en 2015 y el adiós de L’Uomo Vogue, que publicará su último número el próximo mes de diciembre, pero es razonable pensar que se deban más al problema de la prensa tradicional y el giro hacia lo digital que al estado del mercado de ropa y complementos. El hombre corre más rápido, y lo hace porque todavía tiene muchos kilómetros por recorrer hasta alcanzar el volumen que supone la moda de mujer.

Si echamos la vista atrás es fácil afirmar que el guardarropa masculino de la era moderna fue más bien rígido, y que cuando comenzó a despertar lo hizo a golpe de mofa. El hombre que seguía tendencias (con mejor o peor gusto) fue víctima de las bromas de los de su sexo incluso cuando se trataba de celebridades. De Elton John a David Beckham, los hombres no estaban dispuestos a aceptar lo que se salía de la norma. ¿Qué ha pasado para que se hayan relajado? Digamos que los estándares ya no lo son tanto, que la información fluye a borbotones y que el casual friday, en muchos puestos de trabajo, ya no es cosa de un solo día a la semana. La normalización de la moda de la calle o el llamado athleisure también han contribuido al cambio, y ese cambio ha provocado que se abran las fronteras de los armarios. De la misma forma, ha sido significativa la tendencia de unificar presentaciones de colecciones, y que las propuestas masculinas se muestren bajo el mismo foco que las femeninas.

Dolce & Gabbana, Gucci, Hermès o Prada son solo algunas de las firmas que han abierto flagship stores dedicadas a sus colecciones masculinas al ver en ellas ahora nuevas áreas de crecimiento. Es su momento para aprovechar, además, el despertar de la moda hombre. Y el vuestro para disfrutarlo.

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