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Saint Laurent f/w 2016

Bru Romero

El Hollywood Palladium de Los Ángeles no había vivido una noche tan electrizante desde que Tommy Dorsey y su orquesta y Frank Sinatra y su voz marcaran los ritmos de las noches angelinas más largas. El desfile de Hedi Slimane para Saint Laurent estaba a punto de comenzar y todos coincidían que no la ciudad no había vivido un evento así en años.

Entre el público, las familias que más han hecho por el rock en las últimas décadas y aquellos artistas que por este estilo más se han dejado seducido a lo largo de sus múltiples y variados sones frenéticos.  Alma mater de un espíritu del que Slimane ha bebido días y noches, transformando el show en puro after y celebrando quien sabe aún si un adiós de la maison francesa.

Una escena musical californiana que incide como corta un bisturí o como las bandas que cruzan por los extremos los pantalones pegados hasta el desconcierto o sus ya míticos skinny jeans no aptos para tipos que no saquen partido a su desgarbo. Chaquetas modelo Hussar como usadas por Jimi Hendrix y Mick Jagger, convivieron con otras de brocados antiguos (o de segunda mano) y terciopelos muy bien interpretados. Las chorreras y los lazos en seda caían del mismo modo que las melenas se dejaban rizar por el movimiento bajo sombreros Fedora.

Una colección que también poniendo su atento hilván en la celebración del 50 aniversario de la línea Rive Gauche de Yves Saint Laurent no solo lo recordaba sino que añadía ese plus en descaro juvenil que tanto sigue moviendo los pasos de Slimane. Diseñador movido por la música hasta sus últimas consecuencias y del que tras su desfile dio cuenta de ello.

Androginia, indolencia y procaz sentido del vestir más cool que en más de 90 estilismos (también había de mujer) sienta las bases de la temporada otoño/invierno 2016-17, siendo el  cuero negro o las prendas que en muchos casos, era una cañera declaración de intenciones futuristas, celebran lo holográfico como parte del espectáculo en la pista. Decadente y brillantes looks que dejaron a un sitting cargado hasta la bandera de groupies (de Lady Gaga a Courtney Love, pasando por Lenny Kravitz, Jane Fonda, Sam Smith, Sylvester Stallone) boquiabiertos con un no parar de clase bañado por la oscuridad y destello de neón.

Un show que quedará para los anales de la sala, para el recuerdo de un Los Ángeles que recupera su fervor más rock star y para mayor gloria de un Mr. Slimane que sin saber a ciencia cierta su futuro, si lo plantea en chaqueta de smoking, lentejuela o bordado al gusto y siluetas más finas de lo que por finura se entiende y que él ha sabido reinterpretar con las mismas maneras alborotadas que Yves marcó su desfile del escándalo, el de 1971, para aplauso (pasados los años) de la crítica y el público que acabaron sucumbiendo a la fiebre groupie más exclusiva, juvenil y glamurosamente trasnochada.

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