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Bruce LaBruce: “Entre los millennials hay mucha más flexibilidad en cuanto a géneros y tendencias sexuales”

Héctor Llanos Martínez / Fotografía: Verónica Losantos

Después de haber pasado por Los Ángeles, la retrospectiva del artista canadiense promete convertirse en el plato fuerte del verano. Aquí, el primer bocado.

En los últimos tiempos se ha despertado más de lo normal la inspiración del gran provocador canadiense –lo sentimos, Xavier Dolan, pero no hablamos de ti–. Y eso, viniendo de alguien con la trayectoria de Bruce LaBruce, es mucho decir. Por fin ha encontrado la forma de saldar una deuda que arrastra desde hace décadas con el feminismo y el movimiento lésbico a través de sus dos nuevos largometrajes. También presenta en estos días un controvertido microrrelato dedicado a los refugiados y prepara su inminente regreso a La Fresh Gallery madrileña, con la que planea un homenaje a la recientemente fallecida Bimba Bosé.

Hace cinco años, un cóctel molotov aterrizó en la puerta de la galería de arte de Topacio Fresh, que en esos momentos mostraba fotografías de la colección Obscenity. El artista de Ontario había retratado en poses sexuales a celebridades españolas de perfil alto, como Rossy de Palma, Pablo Rivero, Alaska y Mario Vaquerizo, recurriendo a imaginería religiosa tan popular y respetada como La Piedad. El artefacto no explotó, pero el incidente y la manifestación posterior del partido conservador Alternativa Española (AES) llegó a los titulares de todos los medios. Esa exposición le marcó tanto que todavía luce un anillo que une varios de sus dedos con la palabra Obscenity en letras doradas. “Conozco bien España y el cambio tan grande que supuso que la homosexualidad comenzara a aceptarse de forma masiva. Recuerdo incluso acudir a festivales en ciudades pequeñas como Gijón y que mis películas fueran muy abiertamente aplaudidas. A pesar de toda esa actitud positiva del país, creo que la exposición no llegó en el momento adecuado y por eso generó cierto rechazo”, admite el creador en Berlín, donde presenta sus nuevos trabajos cinematográficos.

Él mismo recuerda que, días antes de mostrar al público las imágenes, Topacio Fresh e Israel Cotes, encargados de la galería, y él mismo decidieron tomar la temperatura invitando a las dueñas y las clientas de una peluquería femenina que se encontraba en el mismo edificio del céntrico barrio madrileño donde la muestra iba a tener lugar. “Esas señoras de mediana edad pasearon ante las fotografías, pero lo cierto es que se encogieron de hombros. No se escandalizaron por nada. Nos dio cierta confianza, aunque supongo que forzamos demasiado la cuerda. A pesar de que fue una propuesta muy recatada si lo comparamos con otras cosas que he hecho en mi vida profesional, lo cierto es que contamos con gente muy conocida en España, lo que hizo que las fotos llegaran a muchas más personas de las que estoy habituado a llegar”, admite años después.

Bimba, entre sus musas

La polémica, por supuesto, solo le anima a repetir colaboración con sus socios españoles. Avanza que regresará a la Fresh Gallery en breve. En esta ocasión, trasladará a España la retrospectiva con la que el pasado verano hizo en Los Ángeles un repaso a estos últimos 25 años como fotógrafo, titulada Faggotry. En ese resumen, le gustaría que apareciera una imagen de una de las personas que posaron en su momento ante la rebelde cámara de LaBruce: Bimba Bosé, una mujer a la que siempre ha nombrado como una de sus musas. La instantánea nunca llegó a colgar en las paredes de la sala madrileña porque en el último momento la modelo decidió desvincularse del proyecto por “desacuerdos con la galería y con la forma de publicitar el proyecto”, cuenta LaBruce. “Sé que antes de morir se convirtió en un icono de la lucha contra el cáncer de mama en España. Tengo una hermosa foto de ella y sus bebés en la que está dado el pecho a una de sus hijas. Me gustaría incluirla en el resumen de mi carrera. Ojalá esta vez sí pueda lograr que se vea uno de mis retratos de ella en España. Hablaré con Topacio y voy a intentarlo”.

Imagen: Gettyimages

Al margen de su conexión con nuestro país, este ciudadano del mundo que divide gran parte de su tiempo entre Toronto y la capital alemana, se ha citado con nosotros para hablar sobre su cine, uno de los grandes vehículos con los que ha demostrado su compromiso político. Teniendo en cuenta que es un creador que ha abordado en la gran pantalla todas los temáticas posibles, desde la necrofilia gay, el lado homoerótico del punk y la atracción sexual hacia los ancianos (gerontofilia), extraña pensar que haya tardado tanto en abrazar de pleno en uno de sus trabajos algo que le resultaba tan cercano en su vida como el feminismo desde el punto de vista lésbico. “Había incluido algunas pinceladas en películas anteriores y he creado personajes femeninos muy poderosos, pero necesitaba saldar esa deuda como es debido. Supongo que hasta ahora había querido huir del cliché del cineasta gay que aborda problemáticas femeninas”. Sus años de juventud transcurrieron en antros de San Francisco donde solo se permitía el acceso a mujeres. “Por aquel entonces, el movimiento gay ya estaba muy centrado en conceptos que solo apoyaban las necesidades de los hombres blancos de clase media, por lo que existía mucho racismo, clasismo y machismo en él. Era algo que me causaba bastante rechazo, así que terminé más interesado en aquellos que eran outsiders entre los outsiders. Terminé frecuentando las fiestas de lesbianas durante los 80, donde apenas se aceptaban a un par de chicos. Gracias a la protección de mis amigas lesbianas, yo era uno de ellos”, dice entre risas, algo extraño en un hombre de rostro hierático y parapetado de forma permanente en unas gafas de sol.

Ahora habla por partida doble de esas mujeres que le aceptaron y, en cierto modo, le iluminaron. Habitual del Festival de Cine de Berlín, presenta en él sus nuevos trabajos cinematográfi cos. The Misandrist es una marcianada muy al estilo LaBruce, en la que muestra a una sociedad secreta formada por feministas radicales que se mantiene oculta en algún lugar de las afueras de la ciudad alemana. Bajo la forma de convento, sus falsas monjas y novicias conspiran en realidad contra el imperante patriarcado; tanto el heterosexual como el homosexual. Una segunda película, Ulrike’s Brain, incide en el concepto rindiendo homenaje a las cintas de terror en blanco y negro de serie Z de los años 60, aquellas que tanto adoraba el español Jess Franco. “Es necesario que la comunidad lésbica tenga más visibilidad. Quizá la propia naturaleza femenina ha hecho que tengan impulsos menos radicales o que, al haber vivido siempre su sexualidad de un modo más fluido que los hombres, no hayan sentido la necesidad de militar en un bando concreto. Lo que tengo claro es que la misoginia que experimenté en mi juventud prevalece en cualquier opción sexual”.

Con estos nuevos relatos, regresa a una de sus obsesiones, el terrorismo como forma de resistencia. Dice que ese extraño interés nació hace más de tres décadas, cuando comenzó a leer libros sobre la Facción del Ejército Rojo alemana (RAF) y el IRA irlandés. “Me considero una persona muy política y me siento atraído por los comportamientos radicales, así que supongo que tiene sentido esa pequeña fijación”, explica con naturalidad. Por fortuna, considera que la lucha por la libertad sexual no exige tantos esfuerzos como antes. “Entre los millennials hay mucha más flexibilidad en cuanto a géneros y tendencias sexuales; todo es más líquido y fluido, lo que nos ofrece cierta esperanza al respecto”. De hecho, algo tan de última generación como el crowdfunding a través de Internet es lo que ha permitido a Bruce LaBruce financiar parte de estos proyectos. ¿Es la prueba de que el espectador ha obtenido la libertad definitiva, al poder impulsar los proyectos que desea ver en una sala de cine o colgados en la red? “En teoría parece que la democratización ha llegado a nuestras vidas con este tipo de iniciativas, pero no estoy seguro de que algo así haya ocurrido. Las celebridades organizan campañas de mecenazgo online y logran miles de dólares de un golpe porque son populares. Para el resto de los humanos, cuesta bastante más lograr los objetivos, así que sigue siendo un sistema desigual”, responde.

VENICE, ITALY - SEPTEMBER 01: Bruce LaBruce attends Miu Miu Women's Tales Dinner during the 73rd Venice Film Festival at Ca' Corner della Regina on September 1, 2016 in Venice, Italy. (Photo by Stefania D'Alessandro/Getty Images for Miu Miu)

Imagen: Gettyimages

Contra el sistema

Lo mismo ocurre con la libertad de publicación en Internet, opina quien fuera impulsor del movimiento queercore, una rama del punk que mostraba su descontento general y su disconformidad con la discriminación que vivía la comunidad homosexual. Expandía sus ideas a través de fanzines de culto como J.D.s, que el propio LaBruce se encargó de publicar hasta el año 1991. “Al contar con tan pocos recursos, llegábamos a un número muy limitado de personas, pero eran las adecuadas, las que realmente se posicionaban contra el sistema. Había cierto romanticismo en encontrar una vía alternativa, en el sentido literal del término, que te conectara con otros outsiders de ciudades remotas. Ahora cualquiera puede expresar ideas interesantes a través de un blog. Es una idea que en principio resulta muy igualitaria, pero todo eso ocurre en un entorno en el que es muy difícil escapar de la influencia de las corporaciones multinacionales, del fascismo de Facebook y de todo tipo de censura que tiene lugar en ese tipo de plataformas”, defi ende con convicción. A pesar de esa postura tan beligerante, su obra ha llegado a la escena artística masiva a través del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), que le dedicó una retrospectiva en 2015. “Llegué allí porque soy amigo de la infancia de uno de los comisarios del museo –puntualiza–, aunque siempre es un orgullo recibir un reconocimiento por tu trabajo. Hacer concesiones al mainstream permite que los próximos proyectos puedan ver la luz. Tres de mis películas se han proyectado en el Festival de Sundance y no creo que haya algo más comercial que eso…”.

Antes de que se convirtiera en moda de masas, el discurso político del cineasta recurrió en varias ocasiones – Otto (2008) y L.A. Zombie (2010)– a la figura del muerto viviente para representar ese miedo al otro tan popular en tiempos de la Guerra Fría y que tan de actualidad en la era de Donald Trump. “Los zombis siempre han sido populares, precisamente por lo que representan. Pero me sorprende que, ahora que están de moda, no se usen para ofrecer ideas algo más revolucionarias. Veo Walking Dead y en ella se hace un uso del concepto del zombi demasiado clásico. George A. Romero, un genio desde hace décadas, ha sabido representar con ellos la metáfora política perfecta”. Es una idea, la del rechazo al excluido, que a Bruce LaBruce le sigue rondando en su universo creativo. Por una vez, ha preferido representarla sin excesivos adornos pero con la misma actitud desafiante de siempre. Su cortometraje pornográfico de temática gay titulado Refugee’s welcome se proyecta a mediados de marzo durante el Festival de Cine de Guadalajara (México). Promete un nuevo escándalo en la carrera del canadiense. “Lo cierto es que he intentado que sea explosivo y al mismo tiempo romántico. Creo que es esa combinación la que realmente va a molestar, más que el hecho de mostrar sexo homosexual de forma explícita”, augura este agitador profesional.

La obra de Bruce LaBruce vuelve el próximo mes de junio a España, a la madrileña La Fresh Gallery.

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