BARCELONA, SPAIN - MAY 31: Atmosphere at the Primavera Sound Festival 2014 on May 31, 2014 in Barcelona, Spain. (Photo by Xavi Torrent/Getty Images)

Cosas que te pasan en los festivales (a ti y a todos)

FRAN PATIÑO / Imagen: Gettyimages

¡Ay! ¡Los festivales de música de primavera-verano! En cuanto los primeros rayitos de sol asoman se abre la veda y comienza la temporada en que cualquier indie podría cruzar España de punta a punta saltando de festival en festival. Que si un Primavera Sound por aquí, que si un Bilbao BBK Live por allá, ¿o mejor un Mad Cool? ¿Y el FIB? ¡El FIB!

Aquellos que dispongan de tiempo y dinero pueden hacerse una ruta que ríete tú de las giras de conciertos que se pega Lady Gaga. Los festivales de música pueden ser muy diferentes entre sí, pero hay una serie de cosas que siempre, siempre, siempre te pasan en todos ellos. Repasamos cuáles son.

Pierdes a tus amigos

Si tu despiste innato se manifiesta con asiduidad y eres capaz de perder el rastro de tus amigos en cualquier disco-pub de 60 metros cuadrados de tu ciudad, imagínate lo que puede ocurrir en un festival de música multitudinario que, además, se celebra al aire libre. Tú récord es perderlos a la media hora de llegar al recinto, pero cada año consigues superarlo. En realidad podrías haber ido tú solo, que hubiese sido lo mismo.

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Acabas queriendo muchísimo a todo el mundo

Ya sabes que en los festivales todo se magnifica. Es como cuando sales el sábado borracho de la discoteca que, o te da por hablar de tu ex, o te pones a dar besos y abrazos a todo bicho viviente que encuentras a tu alrededor. Pues en los grandes eventos musicales de la primavera-verano ocurre esto último pero a lo grande. Con la música, la bebida, los bailecitos y el aire libre te da por hacer un Naty Abascal y recreas aquél famoso “Yo quiero a todo el mundo. Osea te quiero a ti, quiero a este y quiero al otro; tengo un no sé, una cosa… soy muy humana”.

Le tiras la bebida encima a alguien o a muchas personas

Vamos a ver, no puedes bailar, mover la boca como si te supieses la letra de la canción que están cantando, abrazar a tu amigo, ponerle ojitos a ese chico que te ha gustado y sujetar la copa al mismo tiempo sin tirar nada. ¿Qué acaba pasando? Pues que te quedas sin copa, los de delante de ti terminan mojados y oliendo a whiskería y el chico que te miraba ya no lo hace porque le ha dado vergüenza ajena toda la escena.

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Alguien o muchas personas te tiran encima la bebida a ti

Tú que ibas como un pincel con tu mejor look festivalero, has acabado hecho unos zorros. Y es que, eh, ¿qué te habías pensado? Tú no eres el único que sabe tirarle copas encima a la gente. Te han mojado por detrás, por delante y por los lados. Bebidas derramándose sobre ti en 360º. Hueles a mojito, a cerveza, a tinto de verano y a Red Bull y tu camiseta ya ni se sabe de qué color es. Has acabado hecho un cuadro, pero no pasa nada, mira a tu alrededor, estáis todos igual. Después de esto, ya estás preparado para ir a La Tomatina.

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Descubres grupos desconocidos con nombres rarísimos

Ser indie no es fácil. En los chiringuitos de la playa se te empieza a enrojercer la piel y no precisamente por el sol o por la picadura de algún mosquito tropical, no, es que las canciones del verano y la música que suena en la radio te dan alergia. Tú eres underground y eso conlleva muchos sacrificios como, por ejemplo, aprenderte los extrañísimos nombres de grupos musicales del circuito alternativo que salen de un año para otro. Muchos de ellos los descubres en el festival de turno, porque, confiésalo, a veces ni te lees el cartel.

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La gente te cuenta historias que realmente no te interesan

Antes de llegar acordaste con tus amigos un código de rescate para salvaros ante cualquier ataque de verborrea del típico pulpo festivalero que te cuenta su vida en verso y con el que no quieres nada. El problema está en que, un año más, se te ha olvidado el código de rescate. Ya no sabes si era un guiño, una palmada al aire o qué. Así claro, tus amigos siguen a lo suyo mientras el ligón de turno te cuenta su vida tratando de darte conversación. Como hay tanta gente no puedes hacerle la cobra y ahí estás tú, intentando disuadirle mientras tarareas canciones que no conoces.

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A pesas de todas estas cosas, hay que reconocerlo, ¡cómo unen los festivales! Es como cuando te ibas de campamento, solo que aquí te dejas una pasta y, de ir de festival en festival, ahora tienes el brazo lleno de pulseritas que te llegan hasta el codo.

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